Unagi
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De una vez
Porque el horizonte se expande
cuando te tengo cerca
y el futuro nos saluda
un poco más acogedor y algo menos amargo
piérdete conmigo
entre los tejados de Madrid
seamos valientes
juguemos en el precipicio de mis noches
y el sinrespiro de tus días
atrevámonos a ser felices
a pesar del miedo a los derrepentes
y los nuncamás
entremos de la mano
en la sonrisa del que arriesga
y gana.
Hay un agujero en el Universo con tu forma.
Intento llenarlo de idas y venidas,
de rutinas de cal y días grises,
de esperanza de otros futuros
con rostros sin tabaco
y manos que me toquen distinto.
Y nada de eso tiene sentido.
Sólo me queda esperar
a que tú desaparezcas
y te lleves el agujero contigo.
Te extraño
pero como sé que tú a mí no
me lleno de barro los zapatos
cubro de hielo los días
a ver si así
vuelven las noches sin misterio
y el onanismo del latido,
y quedas en el recuerdo
de lo que no pudo ser desde el principio
Y tal vez
aprenda por fin
que lo difícil nunca deja de serlo
por muchos soles
que haya dejado en tu ventana.
La vida es wonderful
Qué extraño el tiramisú sin ti,
las series, el sofá,
las cervezas,
las cenas de madrugada.
Cuánto silencio por las mañanas
sin tus miles de alarmas,
los silbidos en la ducha,
sin esa forma que tienes de acariciarme
cuando te vas con prisa.
Qué vacías las noches sin tus bromas,
qué negra la Gran Vía de golpe,
el cielo, mis manos,
qué absurdo esperarte en el móvil,
pensar que vendrás a calmarme el insomnio.
Y no dejo de repetirme que es lo correcto,
lo convierto en mi mantra.
Lo correcto.
Lo susurro a cada instante.
Así que
(siento mi torpeza)
pérdoname por no saber
quitarme esta pena hambrienta
que me has dejado en el pecho.
Lo peor de la tristeza
es que transforma los ojos en arena de playa
embalsama los besos
y llena las cunetas de mañanas
y semillas estériles.
Y ahí estoy yo
como un pez
atrapado en un acuario
esperando a que limpies
el cristal de pesadillas
y se haga la luz.
Lo peor de la tristeza
es que oscurece el hígado
y alarga las manos del hielo
hacia un horizonte demasiado cercano.
Y ahí estás tú
cansado de que me oscurezca
bajo la sombra de cualquier nube
que tampoco te molestas en disipar.
Lo peor de la tristeza
es la vergüenza de haber regalado
amor y esperanza
a quien sólo venera lo que compra
con dolor y cenizas.
Lo peor de la tristeza
es que está hecha
de una boca que ayer me daba alas
y hoy me ahoga con silencios
de calle sin salida.
Lo peor de la tristeza
somos tú y yo.
Espejismo futuro
Desde que apareciste
tengo una grieta en el lado izquierdo del cuello
que se estremece de rojo
si la acaricias
Su caudal se abre con la llegada de las lluvias
y se rompe de dolor cuando hace frío
o si tus manos
se alejan de las mías
Sin embargo
si tu voz se perdiera en la distancia
si alguna vez tu tiempo y el mío
fueran horas robadas en estaciones opuestas
no lo dudes
la grieta sería tan sólo
el espejismo de algo aciago
que pasó no recuerdo en qué mundo
ni bajo qué sol lejano
Porque estamos condenados
a repetir historias inconclusas
no lo dudes.
Montaña rusa
He intentado ser normal
de verdad
dormir a horas razonables
llorar sólo cuando toca
reír lo justo
hacer lo correcto
ser alguien de provecho
Pero qué le voy a hacer
si ante el sopor de la noria
me voy de cabeza a la montaña rusa
y salgo corriendo detrás
del infatigable tirayafloja de los días
En serio
he buscado diluirme entre los demás
ser comedida
no recordar a Osho
olvidar los sintagmas
no volverme loca cuando llueve o hace sol
escribir con intenciones llenas de paraqués
buscarle una función a todo
Pero cuando alguien me habla
de la utilidad del amor
o me mira como herramienta
de la costumbre apalancada y burguesa
recuerdo que lo mediocre
me aburre
Que estoy hecha para el ritmo trepidante
de lo incondicional
y que mi equilibrio
es el Caos que camina en la cuerda floja
Y si no te gusta
quédate en tu rutina vive de palabras muere lentamente
sé desleal egoísta predecible
y deja que yo viva
en la espiral áurea del Darse cuenta
sin saberlo.
No te detengas nunca
No te detengas nunca
cuando quieras buscarme.
Porque al margen
de mis intentos de huida
y del corazón envuelto
en sorpresas de última hora,
mi piel te ha reconocido
más allá del tiempo y la distancia,
y dirá siempre sí cuando la busques.
No te detengas. Jamás.
Porque no quiero quedarme enmarañada
en quimeras y absurdas certezas
que me dejan triste en mitad del camino.
Porque me has vuelto sabia
(aunque yo aún no lo sepa),
no te detengas.
Me apeteces
Me apeteces,
y mi boca se pone en marcha.
Cruzo el verano por verte
a pesar de los pasados
y los futuros muertos de sed y margaritas.
La calles se llenan de sombras
con folios garabateados
y flores que se agostan
de tanto llevarte en el ombligo.
Sé que me fui
-no hubo más remedio-,
que te dejé en un barco a la deriva.
Pero te tendí la mano muchas veces,
te pedí que saltaras al vacío conmigo
y no quisiste.
Ahora el barco
te sigue en tu ritmo acompasado
hecho de café
y elefantes que sobreviven
y a mí se me clavan en los ojos
las ganas de ser tierra invadida.
Porque
deseo el sudor de tu cuello
y tu mano en mi entrepierna,
que la piel se me canse
de tibia humedad,
quedarnos dormidos
bajo este sol que se apaga
y volver a ti en la noche que comienza.
Lo deseo tanto que mi cabeza se muere
y mi cuerpo se ilumina
sólo de pensarse bajo el tuyo.
Anoche
prometí a mi corazón
que no volvería a quedarme parada
frente a una puerta cerrada
a pesar de que tras ella
alguien me pida que tenga esperanza
con una boca llena de futuros presentes
que no llegan nunca
Porque hay otras
que se abren ante mí generosas
que me abrazan con los ojos
esperando a que las cruce
y quién sabe
quizá allí
no sea la intrusa
temporal y bien-venida
que forma parte del puzzle de la comodidad
y alguien
de repente
me tienda la mano
desde un umbral de sencillos ahoras
y me nombre
eterna y bien-amada.
Resulta
Para Alberto
Y resulta
que la felicidad es el tiempo
que va de tu boca a la mía
y en el que caben
el helado de café y la luz
los cigarrillos y los margaritas
el susurro
la palabra apresurada
las risas y los miedos
las canciones-espejo
y esa forma que tienes de mirarme de reojo
Y aunque seas un por-venir eterno
dejo que me robes las noches
que me cambies las horas
porque sólo con verte aparecer
la vida me devuelve la sonrisa.
ANIMUS JOCANDI
Vuelvo a vestirme de cangrejo oxidado
sabiendo que ésta no es la última batalla
ni, por descontado, la mejor de todas,
y lloro los besos que no voy a darte
ante el desconsüelo de tu bocado.
Porque quise jugar contigo a ser peonza
en el tablero acodado de tus damas
haciendo ojos sordos a tu dependencia
enquistada y terminé siendo rastrojo,
roja soledad, corazón vomitado.
En cambio, concupisciente malhallado,
sibilino, tú sólo has pasado el rato.
sabiendo que ésta no es la última batalla
ni, por descontado, la mejor de todas,
y lloro los besos que no voy a darte
ante el desconsüelo de tu bocado.
Porque quise jugar contigo a ser peonza
en el tablero acodado de tus damas
haciendo ojos sordos a tu dependencia
enquistada y terminé siendo rastrojo,
roja soledad, corazón vomitado.
En cambio, concupisciente malhallado,
sibilino, tú sólo has pasado el rato.
CORAZÓN
De un momento a otro
mi voz te dirá adiós,
corazón.
En esta espera
que acaba toda esperanza
me dejas la piel en pausa,
corazón.
Me apeteces,
me desarmas,
corazón,
reconozco que me encantas,
pero yo estoy hecha
para otro ritmo de carrera,
para otro golpe de cadera
sin miradas al pasado,
corazón,
ni invitado desganado
ni muletas.
Quiero roja primavera,
corazón,
desarmarme las alarmas,
alojarme en las afueras
de mi cabeza asustada,
y una luna despiadada
que me acaricie en mis muertes.
Y tú quieres ser diciembre,
corazón,
ya lo sabes,
parece que lo deseas,
te quedas en su almanaque
de anestesiado perenne.
Te me mueres,
corazón,
en tu palabra vana
y tus actos recurrentes.
Hoy abril es noviembre
Hoy me toca el nervio en el estómago
como le toca la lluvia a la acera.
El otoño ha vuelto,
y llevo tanto echando el freno
que temo que el acelerador se haya oxidado.
¿Y qué si dices que la vida
te resulta más sencilla dejando que fluya,
que sólo con invitaciones mueves tus fichas?
Mírate. Colgando del cuello
llevas un cartel de Prohibido el paso
y no lo sabes.
Y por eso mi corazón sigue en blanco.
como le toca la lluvia a la acera.
El otoño ha vuelto,
y llevo tanto echando el freno
que temo que el acelerador se haya oxidado.
¿Y qué si dices que la vida
te resulta más sencilla dejando que fluya,
que sólo con invitaciones mueves tus fichas?
Mírate. Colgando del cuello
llevas un cartel de Prohibido el paso
y no lo sabes.
Y por eso mi corazón sigue en blanco.
Miedo
Sí, es cierto que todavía
no me encuentro en mis manos de cangrejo oxidado
y que el agua me llega hasta la cintura
cuando te extraño.
Pero
nunca la primavera había sido
tan temprana y tan roja
y la vida
un pájaro que busca atardecer
plagado de aire y soles amarillos.
no me encuentro en mis manos de cangrejo oxidado
y que el agua me llega hasta la cintura
cuando te extraño.
Pero
nunca la primavera había sido
tan temprana y tan roja
y la vida
un pájaro que busca atardecer
plagado de aire y soles amarillos.
Eclipse
Hasta mañana. Y no hay mañana.
Eclipsada, y sin embargo
sin poder dejar de mirarte
como una sombra que ya no quiere ser
entono en son de despedida
un silencio urgente de bisturí
para que el rojo del cielo se vaya contigo.
Pero antes
devuélveme las nubes previsibles,
las palabras vacías,
para que pueda volver a guardar
diciembre en un cajón.
Y recuerda olvidarte los adioses,
eres tan torpe
que llenarías mi presente de sal aciaga
y tu futuro de veneno
hecho de rencor y malas palabras.
Para A.B., cuando teníamos quince años
Cuéntame cómo eras en tu verano,
quién te dio esas alas
silenciosas y esmeriladas, qué hado.
Qué llama, o qué materia de sueño
entreabrió sus raíces en el centro
de tu mar, quién inunda tus palabras.
Dime qué hacer para que tu mirada
ilumine mi sombra,
cómo soportar la sal que corrompe
el agua, porque su acritud me ahoga.
Dime cómo ignorar que no conoces
mis ojos, que muy poco te importan.
Pero háblame, susúrrame el conjuro
para arrancar tu mar y tu mirada,
que la herida de tu cuchillo oscuro
solamente tú podrías sanarla.
Y que me irrumpa el vacío sin fruto,
que prefiero tu ausencia a tu navaja.
quién te dio esas alas
silenciosas y esmeriladas, qué hado.
Qué llama, o qué materia de sueño
entreabrió sus raíces en el centro
de tu mar, quién inunda tus palabras.
Dime qué hacer para que tu mirada
ilumine mi sombra,
cómo soportar la sal que corrompe
el agua, porque su acritud me ahoga.
Dime cómo ignorar que no conoces
mis ojos, que muy poco te importan.
Pero háblame, susúrrame el conjuro
para arrancar tu mar y tu mirada,
que la herida de tu cuchillo oscuro
solamente tú podrías sanarla.
Y que me irrumpa el vacío sin fruto,
que prefiero tu ausencia a tu navaja.
Una tarde de enero
Pongamos
que las alarmas que me han crecido en lugar de alas
después de numerosos ataques por sorpresa,
ahora -invadidas
por una rebeldía equina-
ya no saltaran
si eres tú quien se acerca.
Imaginemos
que mi rapidez para enfriarme
desapareciera si me tomaras la mano
y el mundo enrojeciera cálido y apacible.
Entonces,
como un gato tumbado al sol
que sólo quiere que el tiempo se pare,
comenzaría mi sonrisa grande.
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