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Te extraño
pero como sé que tú a mí no
me lleno de barro los zapatos
cubro de hielo los días
a ver si así
vuelven las noches sin misterio
y el onanismo del latido,
y quedas en el recuerdo
de lo que no pudo ser desde el principio

Y tal vez
aprenda por fin
que lo difícil nunca deja de serlo
por muchos soles
que haya dejado en tu ventana.


La vida es wonderful






Qué extraño el tiramisú sin ti,
las series, el sofá,
las cervezas,
las cenas de madrugada.

Cuánto silencio por las mañanas
sin tus miles de alarmas,
los silbidos en la ducha,
sin esa forma que tienes de acariciarme
cuando te vas con prisa.

Qué vacías las noches sin tus bromas,
qué negra la Gran Vía de golpe,
el cielo, mis manos,
qué absurdo esperarte en el móvil,
pensar que vendrás a calmarme el insomnio.

Y no dejo de repetirme que es lo correcto,
lo convierto en mi mantra.
Lo correcto.
Lo susurro a cada instante.


Así que
(siento mi torpeza)
pérdoname por no saber
quitarme esta pena hambrienta
que me has dejado en el pecho.



Lo peor de la tristeza
es que transforma los ojos en arena de playa
embalsama los besos
y llena las cunetas de mañanas
y semillas estériles.

Y ahí estoy yo
como un pez
atrapado en un acuario
esperando a que limpies
el cristal de pesadillas
y se haga la luz.

Lo peor de la tristeza
es que oscurece el hígado
y alarga las manos del hielo
hacia un horizonte demasiado cercano.

Y ahí estás tú
cansado de que me oscurezca
bajo la sombra de cualquier nube
que tampoco te molestas en disipar.

Lo peor de la tristeza
es la vergüenza de haber regalado
amor y esperanza
a quien sólo venera lo que compra
con dolor y cenizas.

Lo peor de la tristeza
es que está hecha
de una boca que ayer me daba alas
y hoy me ahoga con silencios
de calle sin salida.

Lo peor de la tristeza
somos tú y yo.