Qué extraño el tiramisú sin ti,
las series, el sofá,
las cervezas,
las cenas de madrugada.
Cuánto silencio por las mañanas
sin tus miles de alarmas,
los silbidos en la ducha,
sin esa forma que tienes de acariciarme
cuando te vas con prisa.
Qué vacías las noches sin tus bromas,
qué negra la Gran Vía de golpe,
el cielo, mis manos,
qué absurdo esperarte en el móvil,
pensar que vendrás a calmarme el insomnio.
Y no dejo de repetirme que es lo correcto,
lo convierto en mi mantra.
Lo correcto.
Lo susurro a cada instante.
Así que
(siento mi torpeza)
pérdoname por no saber
quitarme esta pena hambrienta
que me has dejado en el pecho.
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