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Espejismo futuro



Desde que apareciste
tengo una grieta en el lado izquierdo del cuello
que se estremece de rojo
si la acaricias
Su caudal se abre con la llegada de las lluvias
y se rompe de dolor cuando hace frío
o si tus manos
se alejan de las mías

Sin embargo
si tu voz se perdiera en la distancia
si alguna vez tu tiempo y el mío
fueran horas robadas en estaciones opuestas
no lo dudes
la grieta sería tan sólo
el espejismo de algo aciago
que pasó no recuerdo en qué mundo
ni bajo qué sol lejano

Porque estamos condenados
a repetir historias inconclusas
no lo dudes.


Montaña rusa



He intentado ser normal
de verdad
dormir a horas razonables
llorar sólo cuando toca
reír lo justo
hacer lo correcto
ser alguien de provecho

Pero qué le voy a hacer
si ante el sopor de la noria
me voy de cabeza a la montaña rusa
y salgo corriendo detrás
del infatigable tirayafloja de los días

En serio
he buscado diluirme entre los demás
ser comedida
no recordar a Osho
olvidar los sintagmas
no volverme loca cuando llueve o hace sol
escribir con intenciones llenas de paraqués
buscarle una función a todo

Pero cuando alguien me habla
de la utilidad del amor
o me mira como herramienta
de la costumbre apalancada y burguesa
recuerdo que lo mediocre
me aburre

Que estoy hecha para el ritmo trepidante
de lo incondicional
y que mi equilibrio
es el Caos que camina en la cuerda floja

Y si no te gusta
quédate en tu rutina vive de palabras muere lentamente
sé desleal egoísta predecible
y deja que yo viva
en la espiral áurea del Darse cuenta
sin saberlo.

No te detengas nunca






No te detengas nunca
cuando quieras buscarme.

Porque al margen
de mis intentos de huida
y del corazón envuelto
en sorpresas de última hora,
mi piel te ha reconocido
más allá del tiempo y la distancia,
y dirá siempre sí cuando la busques.

No te detengas. Jamás.

Porque no quiero quedarme enmarañada
en quimeras y absurdas certezas
que me dejan triste en mitad del camino.

Porque me has vuelto sabia
(aunque yo aún no lo sepa),
no te detengas.












Me apeteces



Me apeteces,
y mi boca se pone en marcha.
Cruzo el verano por verte
a pesar de los pasados
y los futuros muertos de sed y margaritas.
La calles se llenan de sombras
con folios garabateados
y flores que se agostan
de tanto llevarte en el ombligo.

Sé que me fui
-no hubo más remedio-,
que te dejé en un barco a la deriva.
Pero te tendí la mano muchas veces,
te pedí que saltaras al vacío conmigo
y no quisiste.

Ahora el barco
te sigue en tu ritmo acompasado
hecho de café
y elefantes que sobreviven
y a mí se me clavan en los ojos
las ganas de ser tierra invadida.


Porque
deseo el sudor de tu cuello
y tu mano en mi entrepierna,
que la piel se me canse
de tibia humedad,
quedarnos dormidos
bajo este sol que se apaga
y volver a ti en la noche que comienza.

Lo deseo tanto que mi cabeza se muere
y mi cuerpo se ilumina
sólo de pensarse bajo el tuyo.










Sueño con irme muy lejos
a un país de gente amable
y calles de lluvia y sol
escapar de este sabor a hierro azul
que me has dejado en la boca.







Anoche
prometí a mi corazón
que no volvería a quedarme parada
frente a una puerta cerrada
a pesar de que tras ella
alguien me pida que tenga esperanza
con una boca llena de futuros presentes
que no llegan nunca


Porque hay otras
que se abren ante mí generosas
que me abrazan con los ojos
esperando a que las cruce


y quién sabe


quizá allí
no sea la intrusa
temporal y bien-venida
que forma parte del puzzle de la comodidad


y alguien
de repente
me tienda la mano
desde un umbral de sencillos ahoras
y me nombre
eterna y bien-amada.






No pretendo
que llenes mi vacío
y lo cubras
como si nunca hubiese existido

Me gusta mi hueco
hecho de esperas
y gritos silenciosos
llenos de gardenias
de risas a deshora
y noches a medio hacer

Pero
me gustaría que te acercaras
y
por una vez
miraras dentro.