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Me apeteces
Me apeteces,
y mi boca se pone en marcha.
Cruzo el verano por verte
a pesar de los pasados
y los futuros muertos de sed y margaritas.
La calles se llenan de sombras
con folios garabateados
y flores que se agostan
de tanto llevarte en el ombligo.
Sé que me fui
-no hubo más remedio-,
que te dejé en un barco a la deriva.
Pero te tendí la mano muchas veces,
te pedí que saltaras al vacío conmigo
y no quisiste.
Ahora el barco
te sigue en tu ritmo acompasado
hecho de café
y elefantes que sobreviven
y a mí se me clavan en los ojos
las ganas de ser tierra invadida.
Porque
deseo el sudor de tu cuello
y tu mano en mi entrepierna,
que la piel se me canse
de tibia humedad,
quedarnos dormidos
bajo este sol que se apaga
y volver a ti en la noche que comienza.
Lo deseo tanto que mi cabeza se muere
y mi cuerpo se ilumina
sólo de pensarse bajo el tuyo.
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