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Anoche
prometí a mi corazón
que no volvería a quedarme parada
frente a una puerta cerrada
a pesar de que tras ella
alguien me pida que tenga esperanza
con una boca llena de futuros presentes
que no llegan nunca
Porque hay otras
que se abren ante mí generosas
que me abrazan con los ojos
esperando a que las cruce
y quién sabe
quizá allí
no sea la intrusa
temporal y bien-venida
que forma parte del puzzle de la comodidad
y alguien
de repente
me tienda la mano
desde un umbral de sencillos ahoras
y me nombre
eterna y bien-amada.
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