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Eclipse



Hasta mañana. Y no hay mañana.
Eclipsada, y sin embargo
sin poder dejar de mirarte
como una sombra que ya no quiere ser
entono en son de despedida
un silencio urgente de bisturí
para que el rojo del cielo se vaya contigo.

Pero antes
devuélveme las nubes previsibles,
las palabras vacías,
para que pueda volver a guardar
diciembre en un cajón.

Y recuerda olvidarte los adioses,
eres tan torpe
que llenarías mi presente de sal aciaga
y tu futuro de veneno
hecho de rencor y malas palabras.

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